Sunday, July 23, 2006

Los muertos escuchan mejor

Ésta es la primera vez que publico algo en un blog y que recurro al anónimato. El propósito principal de hacerlo es hablar un poco sobre las cosas que vemos, puede ser tan rápido, puede ser tan lento; en fin cosas que vimos y creemos que no existen.Toda esta palabrería que parece tener tendencias poéticas tan sólo es causa de una pequeña anécdota. Todo surge de las simples palabras que un viejo respetable con un acento y una pronunciación del español muy complicada de entender, me dijo hace unos años mientras visitaba un pequeño municipio en el estado de Nuevo León, México. Una localidad pequeña con aroma a dulce de leche quemada en todos su aires y con aspecto de pueblo fantasma, pero muy lejos de serlo.Durante una caminata con mis amigos, pregunte quien había fundado el pueblo, a lo que me respondieron que no estábamos en ningún pueblo, sino en una ciudad que ya hasta tiene planes de tener un Soriana e incluso cuenta con un museo, a lo que respondí haciendo una expresión de torpeza para aceptar la ignorancia con la que hice la pregunta.Me llamo la atención conocer que clase de exposición podría tener el museo de la localidad de lo que yo consideraba un pueblo en el que difícilmente se podía ver personas caminar por las calles donde estaban las casas.Al llegar al museo me sorprendió muchísimo ver que la exposición temporal que ofrecía el gobierno del municipio era nada mas y nada menos que las esculturas en bronce de Auguste Rodin, de quién había leído y observado su obra solo en fotografías.La sala del museo estaba vacía por unos instantes y se llenaba por otros; la gente recorría el museo como agua que corre por el grifo del agua y se va por la coladera, sin dejar la impresión de que alguna vez estuvo allí. Sólo un hombre viejo, que al verlo rondar de un lado a otro, mi imaginación prejuiciosa, la misma que me hizo pensar que estaba en un pueblo fantasma y que me llevo a preguntar quien lo había fundado como tal; me hizo formularme la idea de que por su apariencia aquel era un hombre "culto".Uno de mis amigos, cansado por la caminata y con el sabor de la leche quemada del aire me hizo apresurar el paso para dejar la exposición e ir a comprar los dulces que su familia le había encargado. Su comentario fue, palabras mas, palabras menos: "Vámonos a la chingada estar viendo estatuas es como estar viendo pinches muertos". En ese instante el hombre viejo y con facha de culto volteo a vernos con una expresión en el rostro que nunca voy a olvidar. Parecía furia y parecía desprecio.El hombre camino hacia nosotros y otra vez mi imaginación entrometida me hizo pensar que las malas palabras de mi compañero lo habían enfurecido e iba a reclamárnoslo; pero se limito, lo único que dijo fue (en un español terrible): "La diferencia es que las estatuas no están muertas, y los muertos si están muertos. Tu no ves a los muertos y los muertos si te ven a ti y te escuchan mejor que las estatuas; es lo único que ellos pueden hacer. Escuchar. Hablar un poco, y morir para siempre. Mi amigo pidió disculpar por las maldiciones que dijo antes, y se justifico diciéndole al anciano que de esa forma nos expresamos en mi país. La expresión del viejo se convirtió en una sonrisa muy amable y abuelesca, parecía cálida y comprensiva.El señor se alejo respondiendo solo con eso, con la sonrisa y siguió dando vueltas por lugares que ya había recorrido como mil veces. Mi amigo salio del museo y me dijo que ya se iba por los dulces, no fuera a ser que el "ruquito" se la fuera a hacer de pedo otra vez. Le respondí que yo me quedaba otro rato. Allá te alcanzo.
- Sabes llegar güey
- No se llegar, pero me guío por el olfato
- Serás perro güey
- No, pero huele un chingo. Allá te alcanzo.

La excusa era ver las esculturas pero era lo que menos me importaba, lo que había dicho el viejo me ponía a pensar sobre la idea de estar en un pueblo fantasma, así que subí las escaleras para preguntarle al hombre de dónde venía y quien era.
El señor me respondió
- Paul Emmerichh, con dos “emes” y “ch” al final
Sonrío y me hizo sonreír, por que mis apellidos siempre los pronunciaban mal mis maestros y tenía que rectificar como si fuera un habito.
El hombre viejo después de la sonrisa solo se quedaba callado y estúpidamente le pregunte para matar el silencio que si también era artista, a lo que respondió
- ¿Ademas de quien?
- Auguste Rodin es artista
- Auguste Rodin esta muerto
- Pero los muertos ven y escuchan, ¿o no?
- El no hablo conmigo, no se si me ve.

Mi mente prejuiciosa cambiaba de criterio cuando escuchaba esas palabras y me decía que no se trataba de un artista o un filosofo (una persona “culta”), sino de un hippie que se había causado daños irreversibles de joven; así que le pregunte, que entonces cuales eran los muertos que si veían y escuchaban, a lo que me contesto con algo que nunca voy a olvidar
- Los que un “escuchador” trata antes de que mueran, son los que escuchan, los demás son como una metáfora, son como un cuestionamiento sin respuesta y son como el ruido del árbol que cae en medio de un bosque deshabitado

-¿Qué es escuchador? es usted un médium
- No, yo sólo escucho las últimas palabras de quienes están a punto de dejar de estar vivos, su alma ya esta mas fuera de su cuerpo y su mente y sus labios hacen el ultimo esfuerzo. Esos son los muertos que ven y los muertos que escuchan. Escuchan mejor que los vivos. Es lo único que pueden hacer.

El señor se fue caminando a dar vueltas otra vez por otro rincón que dejaba de estar vacío solo cuando el lo recorría.

Preferí salirme y pensar que (otra vez mi imaginación) en los efectos de la demencia senil, sin embargo era la primera vez que veía un caso de demencia senil tan lleno de creatividad para describir, más bien, la primera vez que me atrevía a acercarme a un anciano para hablar con el.

Sin siquiera recordar que tenía que usar el mi sexto sentido (el de olfatear dulces) para encontrar a mi amigo, di vuelta y sentí una patada por atrás, que junto con la emoción y la adrenalina del cuento de fantasmas hizo que brincara del susto. Después las palabras "Te ligaste al viejito" me cayeron peor que la patada.

- No güey no es como tu jefa.
El tercer día, al igual que el segundo en Linares, me tenía muy cómodamente incomunicado, ya que mi teléfono celular se había quedado sin batería; me había dejado sin cencerro.
Pero la vida moderna nos vuelve algo desesperados, así que sin querer hacerlo le pregunte a mi amigo que si de pura casualidad tenía un cargador para Nokia.

- Si güey tengo dos en la casa
- Préstalo, mi jefa debe estar preocupada

Esa noche no pude dormir mucho aun creyendo que no estaba en ningún pueblo fantasma y después de que el ruco me había confirmado que los muertos a los que se refería no eran fantasmas que iban a ir a jalarme las patas, Linares es muy frió de noche y la casa de mi amigo tiene ese aspecto antiguo al que (otra vez mi imaginación) relacionamos con soledad.

Apenas pudiendo cerrar los ojos recordé que en mi descuido había puesto a cargar el teléfono, pero no me preocupe por prenderlo, así que me pare de un salto y lo prendí. Inmediatamente sonó el ruidito de cuando tienes un mensaje o un correo de voz (bendita tecnología).

Marque el número y escuche el primer correo de voz:

- Usted tiene tres mensajes nuevos, tres. Mensaje uno:
- Mijito no quiero arruinarte tu viaje... pero... tu abuelito Carlos... acaba de fallecer... no es para que te regreses, solo para que sepas.
- Si quiere escuchar de nuevo el mensaje presione 1, si desea borrarlo presione 2, si quiere grabarlo presione 3.

Los dos mensajes restantes jamás los escuche y jamás me voy a arrepentir de no haberlo hecho. Los otros dos mensajes hubieran sido escuchar la voz de mi mamá aún mas desconsolada y hubieran sido como un par de banderillas en la espalda del toro torturado. Ahí clavadas hasta morirme.

Trate de no llorar pero era imposible.
El resto es la historia de como regrese a mi casa esa misma noche, del alboroto que fue despertar a medio mundo y explicarles las razones por las que me iba casi huyendo.

El sentimiento de no haber estado los últimos días con mi abuelo se disminuyó con los meses; con los años. Ahí sigue.

Desde ese momento y hasta entonces sigo pensando:

Linares si era un pueblo fantasma, lo fue para mí.
Nunca voy a saber si los muertos escuchan mejor. Cuando llegue al funeral, el funeral ya era un funeral. Ya no alcancé a atrapar el alma unos segundos antes de irse ni alcancé a forzar a los labios y a la mente de mi abuelo a decirme unas últimas palabras.
Nunca supe si los muertos escuchan mejor por que es lo único que pueden hacer.

Volví a Linares para comprar glorias una vez más no mucho tiempo después de mi primer viaje.
Todavía esta Rodin en el museo. También estaba Emmerich, como una estatua de Rodin.

- ¿Usted vive aquí?
- Hasta que se muera mi cliente, pero se tarda. Espero no ganarle.
- Mientras tanto soy una estatua no hablo, no escucho, sólo espero.
- Yo se a que se refiere señor. Yo también fui una estatua, no pude escuchar.

El sabor de las glorias de linares fue tan único como siempre.
Me supieron a pueblo fantasma.

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